El Rab de Apta enseño que el Año Nuevo de los gentiles es un momento muy propicio para que Hashem mande un año bueno al pueblo de Israel.
¿La razón?
Porque en Rosh Hashaná, cuando pedimos con todo el corazón que Hashem nos conceda un buen año, a veces hay fiscales que impiden que nuestras plegarias sean escuchadas delante del trono.
En cambio, en la noche del Año Nuevo de las naciones, ellos salen a festejar y únicamente llenan sus deseos, sin conexión espiritual.
En ese momento, Hashem les muestra a los mekatreguim la diferencia: cómo nosotros vivimos Rosh Hashaná, cómo rezamos con todas nuestras fuerzas, con el corazón, mientras que ellos “celebran” su año nuevo de una forma totalmente material.
Y es precisamente en ese instante cuando Hashem manda todo lo bueno a Am Israel.



