Lejá Dodí.
Ven, amado mío, al encuentro de la novia; recibamos la presencia del Shabat.
«Guarda» y «Recuerda» en una sola expresión, nos hizo escuchar el D-ios Único. El Eterno es Uno y Su Nombre es Uno, para renombre, esplendor y alabanza.
Al encuentro del Shabat, venid e iremos, pues ella es la fuente de la bendición. Desde el principio, desde la antigüedad fue consagrada; lo último en la creación, lo primero en el pensamiento.
Santuario del Rey, ciudad real, levántate, sal de en medio de la ruina. Ya basta de sentarte en el valle de las lágrimas, y Él se apiadará de ti con gran compasión.
Sacúdete del polvo, levántate, vístete con tus prendas de esplendor, pueblo mío. Por medio del hijo de Jesé, el betlemita, acércate a mi alma y redímela.
Despierta, despierta, pues ha llegado tu luz; levántate y brilla. Despierta, despierta, entona un cántico; la gloria del Eterno se ha revelado sobre ti.
No te avergüences ni te humilles; ¿por qué te abates y por qué te inquietas? En ti se refugiarán los pobres de mi pueblo, y la ciudad será reconstruida sobre sus cimientos.
Y serán despojados los que te despojaron, y se alejarán todos los que te devoraban. Tu D-ios se regocijará contigo, como se regocija el novio con la novia.
Hacia la derecha y hacia la izquierda te extenderás, y al Eterno reverenciarás. Por medio de un varón descendiente de Peretz (el Mesías), nos alegraremos y nos regocijaremos.
Ven en paz, corona de su esposo, también con alegría y regocijo. En medio de los fieles del pueblo elegido…
¡Ven, oh novia! ¡Ven, oh novia!



